El consumo de carne en nuestra sociedad está más que aceptado. Esto ha llegado a puntos que, el consumo de carne exacerbado y sus derivados animales procedentes de la ganadería industrial, es una cuestión muy importante.

 Comemos carne de forma insostenible y, por ejemplo, España es el primer país en Europa y el quinto en el mundo que más carne consume por persona al año.

Y esto, ¿qué problemas puede acarrear al ser humano y al planeta?

 1. Daña nuestra salud

La Organización mundial de la Salud (OMS) ha clasificado la carne procesada como “carcinógena para los humanos” y la carne roja como “probablemente carcinógena para los humanos.

Además, su consumo en exceso puede acarrear problemas para nuestra salud si se combina con la falta de ejercicio físico como, por ejemplo, sobrepeso, obesidad, diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.

2. Contribuye al cambio climático

 ¿Sabías que la ganadería es la responsable de la emisión del 14,5% de los Gases de Efecto Invernadero? Y, entre los gases emitidos, se encuentran el CO2, pero especialmente el metano y el óxido nitroso, dos gases de efecto invernadero mucho más potentes que el CO2.

Estos provienen de las emisiones directas, pero también indirectas derivadas de la agricultura que depende del petróleo y de los plaguicida y fertilizantes que sustentan la ganadería industrial. Es imposible frenar el calentamiento global sin plantearnos un consumo de carne responsable.

3. Merma la biodiversidad

 La agricultura industrial destruye masivamente la biodiversidad, incluso la alimentaria. En el mundo existen más de 30.000 mil especies vegetales comestibles, pero nosotros centramos nuestra alimentación y la de los animales en cuatro: trigo, soja, maíz y arroz.

Los monocultivos para la producción de piensos son altamente demandantes de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, una amenaza directa para muchas especies. No podemos permitir seguir perdiendo biodiversidad, por eso tenemos que cambiar el modo de producir y consumir carne.

4. Envenena el agua

 Purines, antibióticos, fertilizantes y plaguicidas contaminan los acuíferos, llegando a provocar “zonas muertas” en los océanos. Además, que demanda grandes cantidades de agua.

El agua es vida y para que siga siéndolo, hay que cambiar el modelo productivo y reducir el consumo de carne de forma drástica.

5. Olvida el bienestar animal

 Todo modelo de ganadería industrial se basa, básicamente, en alimentar y sacrificar a los animales lo más rápidamente posible y bajo cualquier condición para maximizar los beneficios. Eso, generalmente, significa mantener vacas, cerdos y pollos en explotaciones con grandes cantidades de animales.

No se respetan sus derechos ni su bienestar. Debemos luchar por estos animales, para que vivan dignamente y que contribuyan al equilibrio ecológico.

¿Qué podemos hacer?

 No podemos seguir mirando hacia otro lado, es importante concienciarse y empezar a reducir el consumo y respetar los derechos de los animales. Cambiar nuestros hábitos alimenticios es el primer paso para crear un mundo mejor.

Reducir las porciones cuando comes carne, comer cosas con carne y no carne con cosas, Los lácteos tampoco son imprescindibles. Hay muchos alimentos igualmente ricos en calcio e incluso más. Consumir estos productos de forma moderada.

Además, nos ayudará planificar un menú, porque es muy fácil recurrir a la carne o a la comida procesada para salir de un apuro. Pero planearlo con tiempo nos ayuda tener claro que vamos a comer y no tirar siempre por lo mismo.

Y, una cosa importante, es consumir productos ecológicos. Esto nos ayuda a reducir el consumo de carne y otros derivados. Y, además, debemos empezar a exigir una dieta menos cárnica a nuestro alrededor. Menús de colegios y centros de estudio, hospitales, trabajos, etc.

La respuesta más adecuada: todos podemos hacer algo

Ante el escenario que nos ha tocado vivir, solo hay una solución: reducir de manera drástica el consumo de carne y otros derivados. Debemos apostar por una dieta baja en proteína animal y donde la predominen los alimentos de origen vegetal, ecológicos y, a poder ser, locales. Esto mejorará nuestra salud y la del planeta.